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Asociaciones y colectivos frente a la violencia de género.
Complementariedad

En esta mesa se puso el foco en esa red invisible que sostiene a las mujeres cuando pedir ayuda parece casi imposible. Moderada por Carmen Jurado, enfermera del Hospital Universitario Reina Sofía, y Marisol García, trabajadora social del mismo centro, tres asociaciones tomaron la palabra en nombre de muchas otras, presentando los servicios y recursos que ofrecen a las mujeres y sus familias.

La conversación comenzó con una pregunta compartida: ¿qué ingredientes necesita la «receta del amor verdadero»? El público fue sumando palabras: cooperación, compromiso, amor propio, respeto, asertividad, libertad, empatía, apoyo, sororidad, fortaleza… Sobre esa base se desplegó el mapa de asociaciones y colectivos que acompañan a mujeres en situación de violencia en Córdoba y provincia.

Una red que atiende vidas enteras

Evelyn, técnica de MZC – Mujeres en Zona de Conflicto, presentó el trabajo de varias entidades que colocan en el centro una atención integral: Fundación EMET, ACEN, MZC, Yemayah/Yema Calé y APerFosa, entre otras.

Desde recursos de emergencia y acogida para mujeres víctimas de violencia de género y trata —junto a sus hijos e hijas— hasta programas de autonomía, formación, acceso al empleo, apoyo psicológico, sanitario y jurídico, todas comparten una misma mirada: acompañar a las mujeres en todas las dimensiones de su vida.

Evelyn insistió en la importancia de ese trabajo en red:

«Al final lo que intentamos siempre es acompañar a la mujer hasta que pueda retomar el control de su vida, volver a tomar decisiones por su cuenta».

Una de las voces anónimas que se escuchó en la sala resumió el impacto de este acompañamiento:

«Me acogieron con mucho respeto, mucho cariño y sin juicio… Me ayudaron a quererme más, a respetarme y a darme cuenta de que soy una persona con grandes valores».

Justicia social y activismo feminista

Dulcenombre Rodríguez, en representación de la Plataforma Cordobesa contra la Violencia a las Mujeres, presentó el trabajo de:

  • Asamblea Feminista de Córdoba Hierbabuena
  • Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (AIG)
  • Todes Transformando
  • Fundación Mujeres
  • Plataforma Cordobesa contra la Violencia a las Mujeres

Desde estas entidades se entiende la violencia machista también como una cuestión de justicia social: garantizar el acceso a vivienda, empleo y recursos económicos suficientes para poder salir de la violencia.

La Asamblea Hierbabuena, con décadas de trayectoria, trabaja el empoderamiento a través de la cultura, la música y la poesía; la Asociación de Hombres por la Igualdad centra su labor en el trabajo con varones para que no sean cómplices de la violencia; Todes Transformando y Fundación Mujeres aportan acompañamiento, formación y apoyo para la inserción laboral; la Plataforma Cordobesa sostiene una presencia constante en Córdoba y en los pueblos, con atención, acompañamiento, derivación, terapias grupales, asesoramiento jurídico y psicológico.

Dulcenombre subrayó la necesidad de no perder de vista a las víctimas reales:

«Hablar de violencia de género sin las víctimas es muy fácil. Cuando conocemos la realidad de las víctimas, la conversación cambia».

Y recordó algo que se escucha demasiado a menudo:

«Hay mujeres que nos dicen: “Si yo llego a saber esto, no denuncio”».

Por eso insistió en dos ideas clave: cumplir la Ley Integral y el Pacto de Estado, y garantizar que las mujeres que no pueden o no quieren denunciar sigan teniendo acceso a todos los recursos.

Diversidad, especificidad y cuidado de quienes cuidan

Encarna, de Cruz Roja, cerró la mesa presentando el trabajo de entidades que ponen el foco en contextos de especial vulnerabilidad:

  • Fundación Don Bosco Salesianos Social, con programas para mujeres en riesgo de exclusión social.
  • API, que acompaña a mujeres migrantes desde una intervención integral (educativa, psicológica, laboral, jurídica y social).
  • Kamira, centrada en mujeres gitanas víctimas de violencia de género.
  • Fundación Cruz Blanca, con atención a posibles víctimas de trata y explotación sexual.
  • Cruz Roja, con intervención especializada, protección, recuperación emocional, acompañamiento social y el servicio de teleasistencia móvil Atempro para mujeres en 45 municipios.

Encarna recordó que cada mujer necesita un ritmo y una forma de acompañamiento propia:

«No con cada mujer se interviene de la misma manera; cada una tiene sus tiempos y eso hay que respetarlo».

También se habló de la necesidad de recursos específicos para mujeres con problemas de salud mental y del cuidado de las propias profesionales y voluntarias que sostienen estos procesos día a día.

¿Qué sigue? Mantener y reforzar lo ya conseguido

En el cierre, las tres ponentes coincidieron en varios puntos:

  • Mantener los recursos ya existentes, asegurando su continuidad en los presupuestos.
  • Estabilidad en las subvenciones, para no dejar a las mujeres sin proyectos que funcionan.
  • Aplicar de verdad las leyes y facilitar el acceso de las hijas e hijos a los recursos de protección, sin exigir siempre denuncia o sentencia.
  • Seguir formando y sensibilizando a toda la sociedad y a quienes trabajan en la administración.
  • Colocar a las víctimas en el centro, escuchándolas sin juzgar y evitando la revictimización.

Como resumió Dulcenombre:

«Solo con cumplir la ley integral y el pacto de Estado, con empatía y sin juzgar, ya estaríamos dando un paso enorme».

Esta segunda mesa dejó claro que, más allá de los recursos concretos, lo que transforma la vida de las mujeres es una red de personas y entidades que trabajan juntas, sostienen, escuchan y acompañan sin soltar la mano.